desde que leí "La Tregua" de Mario Bennedeti, pensé en la no-necesidad de escribir demasiado. Desde que leí ese tal día en el que sólo escribió: "Dios mío, Dios mío, Dios mío", entendí que la poca cantidad de palabras [e incluso repetidas], también significa y expresa todito.
No es necesario entonces, una larga fila de letras, ni varios renglones ocupados con palabras rellenas.
No hai que sorprendernos entonces, si de pronto, escribo algo como:
"i si así fuere, me gustarìa un eco eterno"
permitame por favor, dejar esto aquí.
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